
Informes del SIBER advierten una fuerte contracción en soja, sorgo y arroz, por efecto combinado del clima, la reducción del área sembrada, el aumento de costos y la falta de financiamiento.
Por Glosa
De acuerdo con los informes del Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER), el sector agrícola de la provincia de Entre Ríos atraviesa un escenario de marcada contracción, caracterizado por una tendencia generalizada a la baja en la producción y superficie de sus principales cultivos, soja, sorgo y arroz, motivada por factores de distinta naturaleza.
En efecto, se proyecta una caída significativa en los volúmenes de producción o en la superficie destinada a la siembra. Para la soja, se estima una caída del 22% en la producción para el ciclo 2025/26 en comparación con la campaña anterior. En tanto que el sorgo presenta el retroceso más agudo en términos porcentuales, con una caída proyectada del 66% en la producción provincial. En cuanto al arroz, se prevé que la campaña 2026/27 alcance la menor superficie sembrada de los últimos 26 años, pudiendo ubicarse por debajo de las 50.000 hectáreas.
Esta tendencia refleja un panorama de vulnerabilidad para el agro entrerriano, donde tanto los cultivos de verano (soja y sorgo) como las economías regionales intensivas (arroz) muestran señales de retroceso simultáneas.
Un punto de contraste fundamental reside en las causas que impulsan estas caídas. Mientras que en los cultivos extensivos predominan los factores climáticos, en el arroz el motor de la crisis es eminentemente económico y financiero.
La reducción en la soja se atribuye a un déficit hídrico prolongado durante el verano y un gradiente de precipitaciones que afectó particularmente al sudeste provincial. En el caso del sorgo, si bien el rendimiento se mantuvo estable, el exceso de humedad reciente ha obstaculizado la finalización de la cosecha, restando aún un 10% de la superficie por recolectar.
A diferencia de los anteriores, la crisis arrocera se explica por el incremento de los costos de producción (especialmente el gasoil), los bajos precios internacionales y la falta de financiamiento para insumos estratégicos. Aquí, la tecnología de riego por pozos profundos se vuelve inviable debido al costo energético, lo que genera un desplazamiento forzado de la producción.
El análisis de los rendimientos por unidad de superficie permite observar variaciones críticas que matizan la caída de la producción total.
Aunque el rendimiento promedio provincial de la soja cayó un 18% interanual (2.200 kg/ha), este valor es todavía un 12% superior al promedio de los últimos cinco años. Existe además una disparidad regional: mientras la zona Sur tuvo una variación negativa, las regiones Norte, Oeste y Este registraron incrementos de entre el 20% y 28% respecto a sus promedios históricos.
Por su parte, el sorgo muestra una resiliencia notable en su productividad por hectárea. Su rendimiento promedio de 3.500 kg/ha es prácticamente idéntico al de la campaña anterior y al promedio del último quinquenio. Esto sugiere que la caída del 66% en la producción no se debe a una pérdida de eficiencia del cultivo, sino a una drástica reducción del área sembrada.
En el arroz, la variación es estratégica. Ante la crisis de costos, los productores están optando por cambiar la variedad del cereal, volcándose hacia el tipo "largo ancho" debido a una mejor relación de precios frente al "largo fino".
El contraste entre estas tres realidades revela que el productor entrerriano se enfrenta a un doble frente de batalla. Por un lado, la soja y el sorgo demuestran que, incluso con rendimientos aceptables en términos históricos, la variabilidad climática y la reducción de hectáreas impactan severamente en el tonelaje final. Por otro lado, el arroz expone una crisis de modelo: la dependencia del combustible para el riego por bombeo, en un contexto de falta de crédito, amenaza con llevar a la actividad a mínimos históricos, independientemente del factor climático.
En resumen, mientras la soja y el sorgo esperan una normalización de los ciclos hídricos para recuperar volumen, el arroz requiere de cambios estructurales en los costos operativos y en el acceso al financiamiento para evitar su marginalización en la matriz productiva provincial.
Fotografía: Clarín