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Entre Ríos: una recuperación moderada frente a la amenaza del estancamiento

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En el informe del ISAEER, desglosamos aspectos de una provincia que navega entre el dinamismo agroindustrial y la rigidez de su mercado laboral.

 

Por Glosa

La economía de Entre Ríos cerró el año 2025 bajo un signo de fragilidad técnica, con una recuperación que, si bien logró revertir la recesión de 2024, muestra señales inequívocas de agotamiento al ingresar al primer trimestre de 2026. El análisis del Indicador Sintético de Actividad Económica de Entre Ríos (ISAEER) revela un crecimiento interanual del 1,2% a diciembre de 2025, una cifra que, aunque positiva, se sitúa por debajo del 1,8% registrado a nivel nacional por el EMAE.

Por un lado, el motor de la provincia sigue siendo su núcleo agroindustrial, con sectores que han logrado evadir la tendencia al estancamiento general. Entre Ríos ratifica su estatus como el principal polo avícola del país, concentrando el 52% de la faena nacional y registrando un crecimiento interanual del 9% a marzo de 2026. Por su parte, el sector porcino mostró un dinamismo excepcional, con una expansión del 23% en el mismo periodo. A pesar de las dificultades logísticas, la molienda de trigo creció un 6,7% y la de soja un 2,1% interanual al cierre del primer trimestre de 2026.

Un dato alentador del informe es que la demanda de energía eléctrica en el sector industrial creció un 5% interanual, lo que sugiere que, pese a la desaceleración, la capacidad instalada manufacturera mantuvo niveles de operación sostenidos.

Por su parte, tras un periodo de incertidumbre, las inscripciones iniciales de automotores mostraron una mejora del 2% interanual en marzo de 2026, impulsadas por una mayor estabilidad macroeconómica y el regreso paulatino de líneas de financiamiento.

Poniendo el foco en los aspectos más preocupantes, la heterogeneidad del desempeño sectorial deja al descubierto áreas en crisis profunda que lastran el promedio provincial. El colapso de la industria aceitera es, quizás, el dato más alarmante del informe del ISAEER. En efecto, la producción de aceite de soja sufrió una caída estrepitosa del 46% interanual. Este retroceso se vincula a una menor disponibilidad de materia prima (la producción provincial de soja cayó un 21% en la última campaña) y a un aumento en los costos logísticos que afecta la competitividad frente a otros polos industriales.

En un sector donde la provincia es dominante (72,8% del total nacional), la molienda de arroz registró una caída del 14,8% interanual a marzo de 2026.

La ganadería vacuna, por su parte, retrocedió un 8% interanual, afectada por el arrastre de sequías prolongadas y eventos climáticos que redujeron el stock de vientres y forzaron una salida anticipada de animales en periodos previos.

El mercado laboral privado no acompaña tampoco la leve mejora de la actividad. En marzo de 2026, el empleo asalariado registrado cayó un 1% interanual, sumando 135.567 trabajadores. Este estancamiento refleja una incapacidad estructural para generar nuevos puestos de trabajo de calidad, posiblemente por culpa de una actividad cada vez más reprimarizada.

El análisis de los flujos de consumo del informe citado permite trazar la hoja de ruta de la economía real entrerriana. Mientras el consumo de nafta cayó un 5% interanual (acumulando una baja del 17% desde diciembre de 2023) debido a la menor utilización de vehículos particulares, la demanda de gasoil subió un 9,6%. Esta brecha evidencia que el transporte de carga y la maquinaria agrícola sostienen el consumo energético frente al repliegue de los hogares.

Por otro lado, el consumo de energía eléctrica comercial y el de gas se mantuvieron estables o con leves alzas, lo que indica que empresas y hogares prefieren ajustar otros gastos antes que reducir el uso de servicios básicos difíciles de sustituir en el corto plazo.

El informe advierte también que las variaciones interanuales positivas del ISAEER fueron disminuyendo a lo largo de 2025, mostrando una "tendencia al estancamiento" hacia fines de ese año.

La sostenibilidad del crecimiento en Entre Ríos para lo que resta de 2026 dependerá de variables críticas que hoy presentan signos de interrogación. En primer lugar, la reducción de alícuotas en 2025 disminuyó la ventaja relativa de procesar el grano localmente frente a la exportación directa del poroto. El futuro de la industria aceitera provincial está atado a si se restablecen incentivos para la industrialización en origen. En segundo lugar, los elevados costos operativos y la menor densidad industrial de la provincia, comparada con otros centros del país, siguen siendo un cuello de botella que afecta la rentabilidad agroindustrial.

Un tercer aspecto es que, sin una reactivación del mercado laboral formal, el consumo minorista y la recaudación provincial (que ya muestra una trayectoria descendente desde diciembre de 2025) seguirán bajo presión. Por último, la producción futura de carne dependerá de la recomposición de los rodeos tras los eventos climáticos adversos de años anteriores, un proceso biológico que no ofrece resultados inmediatos.

Entre Ríos transita un sendero de "crecimiento moderado" que se apoya en sus cadenas de valor tradicionales, pero que muestra una preocupante debilidad en la creación de empleo y en sectores industriales clave. La cautela es la norma para un 2026 que comienza con señales mixtas.