
Aunque en aparente calma, la interna se encuentra cargada de tensiones y estrategias cruzadas, en un escenario marcado por incertidumbres, factores externos ineludibles y recambios.
Por Eduardo Medina
Desde hace algún tiempo, varios actores del peronismo local se mueven con extrema cautela, haciendo del pragmatismo una forma de vida, totalmente alejados de ideales, valores y utopías, incluso a nivel retórico. Deben prestarles atención a muchos elementos en simultáneo y en todas partes. No hay meta victoriosa a la vista y más bien existe un alto riesgo de terminar con las manos vacías en pocos años. Los fantasmas de la traición hacen el resto. Este escenario impone entonces dos conductas cardinales para ellos: “humildad” y “saber escuchar”. No son pasiones genuinas que hayan adquirido los distintos actores en tan solo dos años, lo sabemos, sino formas prácticas de contener el elevado grado de incertidumbre en el que se mueven.
Como en toda película, hay protagonistas y actores secundarios. El partido que fue gobierno hasta 2023 en la provincia no cuenta con actuaciones estelares y, más que nada, como sistema cerrado, busca sobrevivir al vendaval o bien vender algunas entradas para solventar los gastos de producción. En el elenco tenemos a Gustavo Bordet, Blanca Osuna, Guillermo Michel, Marcelo Casaretto, Adrián Fuertes, Adan Bahl, José Lauritto, Rosario Romero, Damián Arévalo. Paremos de contar.
Todo análisis político impone la clasificación, la distinción, hacer recortes, separar lo esencial de lo accesorio. En esa línea, podemos decir que Romero, Bahl y Michel, con presentes y trayectorias muy disímiles entre sí, constituyen la tríada a la que el peronismo entrerriano está mirando atento por estos días y lo seguirá haciendo en los próximos meses. Sus movimientos producen reacomodamientos, simpatías, rechazos o cautelas. Los caminos de los tres se pisan. Más de una vez alguno tiene que cederle el paso al otro. A veces uno puede apropiarse de algún espacio sin que los demás se den cuenta. Es el juego del “desconfío”, pero controlado, por ahora. El resto del elenco sostiene un poco la trama, le agrega intriga y realismo.
El punto de llegada es uno, la gobernación. A diferencia de otros tiempos, en donde el PJ local ponía el gobernador que quería, ahora depende muy poco de lo que cada referente se proponga, y más bien está todo fuertemente condicionado por situaciones externas, principalmente las propugnadas tanto por el gobierno nacional como por el provincial. También influye lo que suceda con el peronismo a nivel nacional, a partir de las conversaciones que se desarrollan en Buenos Aires, a donde, a diferencia de sus dos competidores internos, Michel tiene llegada directa por ser una pieza clave del engranaje de poder de Sergio Massa.
Aunque el camino a la gobernación se vaya ajustando por variables independientes, lo cierto es que los integrantes de la tríada deben crear las condiciones que los coloquen de la manera más auspiciosa posible como los candidatos ideales en un escenario favorable. ¿Tiempo? Depende de la paciencia, la fortaleza y de las capacidades que cada uno posea. Existe sí una línea muy difícil de trazar hoy por hoy entre voluntarismo y pragmatismo, y sobre ese cálculo cada uno va tejiendo sus redes y gastando los recursos escasos.
El escenario que nadie quisiera enfrentar es el que tiene nuevamente de aliados a Juntos por Entre Ríos y a la Libertad Avanza, con Rogelio Frigerio buscando la re-elección, en un contexto nacional sin mayores sobresaltos económicos. La paliza del año pasado asustó a todos y aplaca bastante las expectativas. El escenario más rentable sería uno en donde Frigerio no compita, la derecha entrerriana vaya dividida y el mileismo se encuentre enfrentando un terremoto económico y social. Ninguna de estas opciones implicaría pensarlo mucho. Son las múltiples posibilidades que están en el medio las que abruman a los estrategas peronistas.
Los integrantes de la tríada tienen como principal activo a defender la posición que ocupan en la actualidad, la cual les granjea prestigio partidario, una voz pública importante, lugares en mesas de decisión y algunos recursos extras. Romero tiene una intendencia con posibilidades de re-elección, Michel ostenta la diputación hasta 2029, con un prominente juego nacional, y Bahl posee una senaduría hasta 2031 a donde puede resguardarse cómodo.
No hay dudas de que la intendencia de Paraná es el activo que más riesgos conlleva en varios sentidos, pero también el que ofrece más posibilidades. Puede actuar como moneda de cambio frente a Bahl y Michel, o bien como reaseguro de la tropa, poniendo ahí a un continuador en el próximo periodo. Para que esto último se dé, Romero debería: o romper con la tríada cortándose sola y asumiendo los costos; o doblegarlos en el juego interno por vía de un acuerdo en su beneficio; o bien esperar a que un giro de la fortuna los haga desistir de la pelea de forma gratuita. Esta vía agraciada por el azar sería lo que le permitiría a la actual intendenta ir libremente por la gobernación, incluso en el escenario más desfavorable, con el cuchillo entre los dientes, poniendo toda la carne en el asador.
Por su parte, se sabe que Adan Bahl se encuentra “armando” en algunos distritos alejados del departamento Paraná. El dato no es menor, porque implica que hay una proyección provincial que se dibuja y que más de un ladero deja trascender. Pero, también, puede ser una construcción que, por ejemplo, le permita en 2027 ofrecerle a Romero o a Michel puntos de la provincia a los que ellos no tienen acceso, a cambio de una vuelta a una intendencia que, en el periodo 2019-2023, le granjeó una muy buena imagen y, seguramente, un buen nicho de votos propios desde donde apalancarse.
Pese a que Bahl lleva más de veinte años jugando en las primeras líneas de la política entrerriana, se lo sigue viendo como alguien práctico y gestión, poseyendo como activo importante al interior del peronismo el no ser señalado como quien vació el partido. Este estigma constituye hoy por hoy el núcleo central de las catarsis que los militantes y referentes de las distintas localidades realizan semanalmente.
Su dificultad radica en que perdió las últimas dos elecciones, siendo él la cabeza visible de ambas propuestas, lo que lo signa un poco con el latiguillo partidario de “mariscal de la derrota”. Por otro lado, no logra encontrarle el timing a la comunicación política que, para alguien con aspiraciones de poder, es vital. Mientras Michel y Romero le sacan el jugo a cada espacio que se les presenta, Bahl, con sus prolongados silencios, no hace más que ir alejándose paulatinamente de la escena, incluso hasta auto-significándose involuntariamente como alguien de la vieja guardia, de un ciclo que parece haberse cerrado en diciembre de 2023. Quizás no sea una cuestión de impericia, sino de un tipo de estrategia de otras épocas, cuando se suponía que la ausencia resaltaba virtudes y escondía defectos, además de que contribuir a cierta mitificación. No parece una buena idea para un político provincial del mundo actual.
El caso del otro integrante de la tríada, Guillermo Michel, es muy distinto. Como antes dijimos, participa en mesas de decisiones relevantes en Buenos Aires, con vínculos empresariales importantes y llegada a medios nacionales. Su inserción en la provincia fue contundente a partir de finales de 2023. Empezó a jugar fuerte en distintos espacios además del PJ, como pueden ser los medios de comunicación locales, algunos circuitos productivos entrerrianos en donde le dieron acceso, e incluso hasta en la Universidad Nacional de Entre Ríos, a donde dicen que impulsó y respaldó al que será el su próximo rector, Juan Manuel Arbelo.
Para muchos, hay tantos elementos que indican que Michel jugará por la gobernación en 2027, como tantos elementos que indican lo contrario. No puede obviarse del análisis que sea, junto con Marcelo Casaretto, el principal contradictor de la gestión de Rogelio Frigerio en la escena pública entrerriana. Con críticas muy duras en medios y redes sociales, pocas veces obtienen respuestas concretas de parte de los funcionarios provinciales. Pero, en definitiva, son los únicos discursos que en los dos últimos años le han dado al peronismo provincial el estatus de “opositor”, ya que el resto de los referentes de ese mismo partido han bajado sus perfiles a la mínima expresión, causando vergüenza en más de un afiliado.
El diputado nacional nacido en Gualeguaychú parece haberse transformado en una especie de armador provincial, que conecta lazos con Buenos Aires y construye puentes entre espacios locales que hasta ahora venían tensionados entre sí. Ese rol, privilegiado a la hora de acumular poder, tiene dos salidas: o bien se mantiene operando tras bambalinas, porque se siente cómodo ahí, o bien es utilizado para posicionarse y posicionar a los suyos en los mejores lugares de las listas del año que viene. Lo que podemos conjeturar es que, por edad, momento político y estatus en la escena nacional, Michel no necesita jugarse a un “todo o nada” en 2027, sino que puede esperar tranquilamente hasta que pase el temblor libertario y Frigerio haya jugado su propia carta de re-elección. Continuar con la acumulación de poder y lograr hacerse fuerte en ese juego de entrar y salir de la provincia constantemente, tarde o temprano, le puede brindar la legitimidad suficiente y sobrada para pelear por la gobernación con pocas o nulas resistencias internas.
La pregunta que cualquier nostálgico puede hacerse con toda validez es si, además de todo este juego de poder, queda espacio en el análisis para un proyecto provincial, para una idea coherente de “futuro” o bien para algún tipo de programa integral de gestión a la vieja usanza. Sería interesante poder responder que sí, pero lo cierto es que la respuesta es que no. Y es no, porque el final de este juego, más todos los agregados que se puedan ir dando en el camino, recién se va a poder ver a finales de 2026 (con suerte), o avanzado ya el 2027. Eso implica que no habrá un extenso trabajo de convencimiento, sino más bien una acelerada operación de imposición desde arriba hacia abajo, tal como viene ocurriendo desde hace ya varios años, con los resultados conocidos. El mayor error de ese “plan” radica en la diferencia de contexto en el que se va a dar.
Esto último nos lleva entonces a la pregunta de origen: ¿puede volver el peronismo entrerriano en 2027? Como vimos, no depende tanto de sus virtudes o de la dinámica interna, sino más bien de las condiciones que se generen por fuera. Puede sí poner a la mejor opción, validada por sus pares, movilizando con eso a todo el aparato unido, a partir de que el juego que hemos detallado se resuelva de un modo acorde, beneficioso y coherente para todos. Que todo eso se produzca con bastante tiempo de anticipación sería lo ideal. Muy difícil, es verdad, pero no imposible.