
Analizamos los informes de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos publicados este mes.
Por Glosa
Según los últimos reportes del Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER), el cierre de abril nos deja un escenario agrícola complejo y heterogéneo. Como es habitual en nuestra provincia, el clima ha sido el gran ordenador de la campaña, dictando tanto los ritmos de cosecha como la condición sanitaria de los cuadros.
El segmento de maíz tardío y de segunda, aunque representa solo el 4% del área total del cereal en la provincia (unas 22.200 hectáreas), ofrece una radiografía interesante de la resiliencia del cultivo.
El 64% de los lotes presenta una condición entre Buena y Muy Buena. Con rendimientos proyectados que escalan hasta los 7.500 kg/ha en los mejores cuadros, el promedio provincial se sitúa en los 5.000 kg/ha. Esto permitiría alcanzar una producción estimada de 100.000 toneladas.
En contrapartida, un 36% del área se encuentra en condición Regular a Mala. El origen de este deterioro se remonta a un pulso seco entre mediados de enero y principios de febrero que golpeó a los lotes sembrados temprano en diciembre durante su etapa crítica de prefloración.
Por otro lado, aparecen signos de alarma ya que ha comenzado a detectarse la presencia de enfermedades transmitidas por la chicharrita del maíz (Dalbulus maidis). Aunque la mayor parte del cultivo está en buen estado, la aparición de este vector es una señal de alerta máxima para el monitoreo sanitario de cara al final del ciclo.
Por su parte, el sector arrocero transita el tramo final de su zafra con una eficiencia envidiable en las labores, habiendo alcanzado ya un avance de cosecha del 88%.
La productividad por hectárea se muestra robusta. El rendimiento promedio provincial de 8.300 kg/ha es un número sumamente competitivo, con picos de hasta 10.000 kg/ha en las variedades de tipo largo fino. El ritmo de cosecha, tras un inicio adelantado, logró converger con los promedios históricos a pesar de las lluvias de abril.
De todos modos, aquí aparece el dato más duro para la macroeconomía sectorial: la producción provincial caería un 19% respecto a la campaña anterior, proyectándose en 455.255 toneladas. Esta caída no responde a una falta de rendimiento, sino fundamentalmente a la variación en la superficie implantada comparada con el ciclo previo.
Es interesante tener presente que la brecha de rendimientos según el tipo comercial (6.000 kg/ha para largo ancho vs. 10.000 kg/ha para largo fino) subraya la importancia de la elección genética y el mercado de destino en la rentabilidad final del productor.
Con respecto a la soja, la misma presenta la situación más tensa de la campaña. Con una superficie implantada de 1.219.500 hectáreas, el potencial es enorme, pero el clima ha puesto un freno de mano a la recolección.
La apuesta de los productores por la soja de segunda fue masiva, alcanzando un máximo histórico de 803.500 hectáreas (66% del área total). Esto habla de una fuerte integración con los cultivos de invierno.
No obstante, se ha producido un retraso crítico, ya que la cosecha está virtualmente paralizada. Solo se ha recolectado el 1% del área provincial, frente a un promedio histórico del 9% para esta fecha. Esto representa un retraso de 7 puntos porcentuales. Las precipitaciones recurrentes en la primera quincena de abril, que superaron los 80 mm en gran parte del territorio, impidieron el ingreso de las máquinas. La excesiva humedad ambiente y los lotes anegados no solo demoran la logística, sino que ponen en riesgo la calidad del grano (apertura de vainas, brotado o ataque de hongos) si las ventanas de buen tiempo no se consolidan pronto.
En conclusión, mientras que el arroz y el maíz tardío navegan con relativa previsibilidad (pese a la caída de volumen en el primero y la amenaza sanitaria en el segundo), el éxito de la campaña 2025/26 de Entre Ríos depende hoy casi exclusivamente de que el clima de una tregua para liberar a la soja de los campos. El mercado estará atento a la calidad de esa soja que hoy espera bajo el agua.
Fotografía: Infocampo